ANUARIOS

Anuario 1961

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Un año más

Fue un día del mes de marzo; legasteis con ansias de progreso y ambiciones de triunfo; vinisteis a labrar el porvenir, a echar los cimientos de la personalidad que os hará hombres de provecho en el mañana próximo. El Colegio abrió sus brazos, ensanchó sus puertas para recibiros y en las alas se entonó, una vez más, la canción del trabajo.

Hoy llegáis a la meta. Corrieron veloces los días hasta este mes de noviembre. Lo habéis visto llegar con alegría, con la alegría del estudiante que ve en las vacaciones, el solaz para la ardua tarea cumplida.

Como estudiantes deseáis las vacaciones que desatan las ligaduras del deber escolar. Cesa la imposición monótona y enervante de las lecciones y tareas diarias.

Pero diría, aunque parezca paradojal, que el alma se siente invadida por un dejo de tristeza en esta hora del ocaso. Un año basta para engendrar afectos y crear amistades, Un año basta para familiarizarse con el espíritu colegial, para que todo nos hable el lenguaje de la simpatía y del aprecio.

Los patios, las aulas, en su silencio, golpean el corazón con la elocuencia del discurso. Los compañeros se insinúan en el alma con simpatía y benevolencia amigas y los profesores y maestros, a pesar de su misión vigilante y su intransigencia frente al deber, levantan el templo santo del cariño sinceramente sentido por ser informado en el precepto evangélico del primer mandato divino, el de la caridad.

Y cuando todo esto se ha ido y llega la hora de la separación, se siente la desgarradura que produce la fuerza bruta de la realidad.

Partís, queridos alumnos, por imperativo del tiempo, por diversos rumbos, al campo, a la ciudad, a la playa; pero allí doquiera estéis, se proyectará la sombra de vuestro colegio. Cada día de vuestra ausencia, escucharéis su voz amiga que traza el sendero, la huella profunda de vuestro catolicismo y de vuestra orientalidad.

Seguirla es agradecer a Dios, es saldar una deuda, es vivir en la ausencia física, la presencia espiritual del templo que modeló vuestro corazón y sembró en vuestra alma la semilla que, como la evangélica caída en buena tierra, ha de producir el ciento por uno.

Muchos volveréis, muy pocos emprenderán la marcha por otras rutas en busca de nuevos horizontes; pero éstos también vendrán para revivir emociones de infancia y juventud.

La Dirección del Colegio y profesores os vemos partir con el dolor de las separaciones, pero con la esperanza de que haréis honor a vuestro Colegio.

Os felicitamos por los éxitos conquistados y os deseamos unas felices vacaciones y unas Navidades con un principio de año 1962, llenos de bendiciones del Cielo.

LA DIRECCIÓN